jueves, 17 de agosto de 2017
Cultura/ Creado el: 2017-07-27 10:33

Las ilusiones que erigieron un templo

Hace 53 años se consolidó una de las obras arquitectónicas más emblemáticas del Huila, el templo de Santa Ana de Yaguará, que se ha convertido en un referente de la devoción religiosa de la sociedad local y en un sitio obligado a visitar por los turistas.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 27 de 2017

Por: Andrés Felipe Ortiz Ardila - Coordinador de cultura del municipio de Yaguará.

En la década de 1950 Yaguará era descrito como un pequeño caserío de típicas construcciones de estilo colonial y un austero templo del siglo XIX, reconocido por su vocación agrícola y ganadera y por las adineradas familias que habitaban en él, quienes llegaron atraídos por las condiciones geográficas del lugar, que propiciaban la siembra de cultivos de arroz y la tenencia de ganado bovino.

Para 1958, es nombrado Fernando Monje Casanova como párroco del municipio, un robusto hombre de pequeña estatura, quien se destacaba por sus habilidades de persuasión y su férrea determinación a la hora de emprender proyectos arquitectónicos de gran envergadura; a él se le atribuye la finalización de los templos de La Plata (En donde hay una campana y un busto en su honor), la catedral de Neiva; la construcción de un templo en el municipio de Baraya (Afectado por un terremoto en 1969 y demolido luego), el actual templo de Hobo y el de de Yaguará.

Fernando Monje Casanova (1899 – 1982) era un yaguareño de humilde origen, quien gracias al apoyo económico de sus adinerados tíos Emilio y Pastor Monje, pudo llevar a cabo estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de Garzón, del cual se ordenó como sacerdote el 22 de abril de 1928.

A su llegada al municipio de donde era procedente, propuso construir un templo de estilo gótico que resaltara las virtudes religiosas de la comunidad y la riqueza económica que hasta la época la había caracterizado; con este proyecto en mente, mandó a derrumbar el anterior templo de estilo mestizo o colonial, para levantar en aquel sitio la nueva construcción e hizo llegar a cada familia de la localidad un folleto alusivo al proyecto el 25 de agosto de 1959:

«Dios dador de todo bien y por quien nos movemos y existimos, quiere y desea que en nuestra cara ciudad levantemos para honra y gloria suya un templo no inferior a los palacios que hoy construyen los hombres para vivir cómodamente en este brevísimo paso por la tierra.

En tal virtud hemos acometido con ardor y fe la obra que ya se destaca majestuosa en bello estilo gótico; reflejando así la grandeza de Dios, el amor y la fe de un pueblo creyente. el costo se calcula en un millón de pesos colombianos, que repartidos proporcionalmente entre los buenos hijos de Yaguará, presentes y ausentes, le corresponde a usted la suma de… ; que le ruego abonar en la forma que a bien tenga, en el plazo de tres años a partir de esta fecha. No le de miedo ni lástima hacer este gasto por la mansión de Dios».

De esta manera logró reunir en el lapso del tiempo $1’600.000 pesos de la época, con los cuales financió la obra, diseñada por el arquitecto cundinamarqués Guillermo Durán Bautista y que se caracterizaba por su estilizada figura, engalanada con torrecillas, crestería y  delicados pináculos que le otorgaban un aspecto palaciego; inspirado en catedrales góticas francesas y alemanas, con sus típicas torres de gran altura, sus puntiagudos vanos y ornamentados portales de acceso.

Poco a poco la comunidad se interesó en apoyar con esmero la construcción de la obra, los niños iban a ríos y chircales en tiempo de recreo y traían consigo piedras y ladrillos para crear los cimientos de la construcción; se organizaron reinados, fiestas, bazares, ferias ganaderas y todo tipo de actividades para conseguir fondos. Las familias adineradas donaban dinero y ganado, los más humildes cerdos, gallinas, arena, guaduas y hasta comprometían las ganancias obtenidas en sus labores con el fin de apoyar la iniciativa.

Con los restos fruto de la demolición del antiguo templo, los habitantes humildes del municipio mejoraron las condiciones de sus viviendas, emplearon los adobes y tejas que encontraron entre los escombros para reemplazar las paredes de bahareque y el techo de paja que cubría sus hogares; algunas personas  señalan con orgullo como sus casas fueron levantadas íntegramente con materiales de aquel sacro edificio.

El 15 de julio de 1964 la obra fue concluida, en todos los municipios del departamento se comentaba sobre ella, de sus pináculos alargados y de resplandeciente color azulado; el aspecto delicado y elegante de su fachada, los altorrelieves que causaban todo tipo de emociones, algunas de admiración y sorpresa, otras de rechazo y condena (Uno de los cuales fue desmantelado debido a la mojigatería y la incomprensión del arte gótico). Los retablos del presbiterio recordaban castillos de cuentos de hadas y los 51 vitrales de variados tamaños y formas sobrecogían por sus diversas escenas bíblicas y belleza cromática.

Existen diversas historias que se han sostenido a través de la memoria oral y que argumentan el porqué de la construcción de la obra, algunos comentan que se construyó con el fin de que Yaguará adquiriese el status diócesis y que la obra fuese su catedral, ya que para la época no existía aun la diócesis de Neiva.

Otra versión sostiene que Fernando Monje Casanova demolió el anterior templo a propósito, con la finalidad de buscar un tesoro compuesto por morrocotas de oro que había dejado enterrado el párroco Diego Quintero Príncipe y Tobar, quien lo erigió en 1811 con sus propios recursos y quien aparentemente lo había legado para asegurar el sostenimiento económico de la iglesia en el tiempo.

El 25 de julio del mismo año el templo fue inaugurado de manera solemne con la presencia del obispo de la Diócesis de Garzón, José de Jesús Pimiento, en medio de una multitudinaria celebración que colmó de asistentes al parque principal, amenizada por la banda municipal, los juegos artificiales, las niñas vestidas con trajes de gala que recibían en las escalinatas del atrio a cada uno de los invitados y las delegaciones de párrocos que llegaban desde diferentes municipios del departamento. Un día que hoy sigue celebrándose con ahínco y emoción por una comunidad orgullosa de su pasado y de su templo, el cual sigue considerándose como el más bello de la región.

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