sábado, 22 de septiembre de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-07-11 07:47 - Última actualización: 2018-07-11 07:47

La batalla por los cereales

Escrito por: Carlos Tobar
 | julio 11 de 2018

Por: Carlos Tobar

Hace, aproximadamente, 10.000 años el hombre primigenio sembraba en el oriente medio las primeras semillas de una gramínea que, 2.500 años después, daría origen al trigo tierno. Luego de cultivar y domesticar esas gramíneas, unos cientos de años después, incorporaría semillas primitivas de arroz y los antecesores del maíz en otras latitudes del planeta. Con este hito, se daba comienzo a la agricultura, el sedentarismo, las primeras aglomeraciones humanas de lo que posteriormente serían las ciudades. La incorporación de los cereales en la nutrición humana fue determinante en la conformación física del ser humano y en su organización social. Posteriormente, se añadirían la cebada, los guisantes, las lentejas, los garbanzos…; se domesticarían animales como el cerdo y la oveja…, y ya el hombre nunca volvería a mirar atrás. Nacía así, la sociedad humana tal y como actualmente la conocemos.

En este proceso, los cereales han sido elementos básicos de la dieta del Homo sapiens moderno. Aunque en los supermercados no los encontramos directamente, pues las carnes, las verduras y las frutas aparecen como los productos destacados, la mayor parte de los alimentos procesados tienen como base esos tres cereales en la forma de panes, pizzas, tartas, pastas, harinas, bollos, etc. Y en su presencia indirecta, los tres cereales –juntos o por separado–, han servido de alimento principal e indispensable para vacas, cerdos y aves.

Así se entiende que ese trío de cereales sea la verdadera base de nuestra alimentación. Entre los tres aportan aproximadamente el 42,5% del suministro de calorías alimentarias del mundo. Y no solo calorías —la energía que nos permite vivir— porque, aunque el lector no lo sepa, el trigo aporta más proteínas que las carnes de ave, porcino y bovino juntas.

En este apretado contexto es que se debe entender la importancia de los cereales en la seguridad alimentaria de un país. Pero, además, la interrelación económica de todos estos productos de la naturaleza domesticada, conforman la dinámica necesaria e imprescindible del crecimiento como fundamento para el trabajo permanente de los habitantes de un territorio. Tanto en su actividad primaria de suministro de materias primas, como de los procesos de trasformación industrial y los servicios de apoyo para su distribución y comercialización.

Que los colombianos, durante la segunda mitad del siglo pasado y lo que va corrido del presente, por la aplicación de políticas equivocadas, hayamos perdido primero el trigo del que nos abastecíamos totalmente a mediados de la década de los 60, perdido buena parte del abastecimiento interno del maíz entre las décadas de los años 80 y 90 y lo corrido de este siglo, y estemos perdiendo el arroz desde la firma del tratado de libre comercio con los Estados Unidos en esta década, puede explicar en buena medida la crisis productiva nacional que nos agobia. Repito, no es solamente la pérdida de los productos, ni la pérdida de los empleos anexos a esa producción, sino la pérdida de la dinámica económica indispensable que crea la riqueza de un país. Eso es lo que está en juego: la vida misma de la nación.

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