domingo, 05 de julio de 2020
Opinión/ Creado el: 2020-06-29 10:10 - Última actualización: 2020-06-29 10:11

Hechos detestables

Escrito por: Editorial | junio 29 de 2020

Nuevamente la institucionalidad del país empieza a verse comprometida por el accionar destable de siete miembros del Ejército Nacional que se encuentran comprometidos en el abuso sexual a una menor de edad perteneciente a la comunidad Embera Chami en el área de influencia del municipio de Pueblo Rico (Risaralda). La sociedad colombiana ha rechazado este hecho delictivo cometido por estos soldados que aceptaron el cargo de acceso carnal violento con una menor de 14 años. La Fiscalía General de la Nación en menos de 72 horas logró un esclarecimiento de los hechos, junto con el alto mando militar que contribuyó para tener esclarecido este escándalo que empaña la imagen de esta institución que le ha propinado las más grandes derrotas contra el actuar delincuencial y narcoterrorista en todo el territorio colombiano.

Desafortunadamente y muy deprimente es que nuevamente el cuerpo de una mujer es convertido en campo abusivo y cobarde hacia el género femenino. Una niña desprotegida e inocente se convirtió en una nueva víctima de estos desadaptados sociales. Vulnerabilidad total que hace más vil, si es que es posible, el actuar de los soldados. Es paradójico que unos pocos uniformados deshonren así el uniforme, mientras sus compañeros demuestran día tras día su valor.

Recientemente la Revista Semana realizó unas denuncias donde se está comprometiendo al Ejercito Nacional, porque se habrían supuestamente ordenado realizar múltiples interceptaciones de comunicación sin tener ordenes oficiales, ni justificación legal que fueron efectuadas durante los años 2017 y 2018.

En dicho reporte titulado "Las carpetas secretas", se aseguran de que son por lo menos, 130 personas fueron espiadas mediante herramientas informáticas, entre las que se encuentran periodistas, políticos, defensores de derechos humanos, sindicalistas e incluso generales y miembros del Gobierno.

La opinión pública ha recibido con estupor e indignación esta clase de prácticas criminales, que han sucedido donde han sido salpicados algunos integrantes de las Fuerzas Armadas. En años anteriores se han adelantado sendas investigaciones sobre los escándalos de las chuzadas y en la mayoría de las veces no se han presentado condenas por estos abominables episodios.

Hay que reconocer que el Ejército ha mostrado en los últimos años una franca disposición a tomar medidas tendientes a extirpar la violencia de género en cualquiera de sus expresiones. En esta urgente tarea se ha trabajado de la mano de la iniciativa. No es hora de callar. Pero queda claro que, lamentablemente, el desafío persiste. Tal vez porque sus raíces se prolongan a esferas distantes de los cuarteles. Sea por la razón que sea, este episodio obliga a redoblar esfuerzos en el ámbito castrense. A hacer más, porque este caso tiene que ser el último.