miércoles, 15 de agosto de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-05-16 09:19

Enséñales a carecer

Escrito por: Froilán Casas
 | mayo 16 de 2018

Los niños y jóvenes deben entender que no todo está servido, hay que buscar el pan de cada día. Hay que enseñarles que la vida honesta no es fácil, que todo se consigue con esfuerzo y dedicación. Los hijos malcriados son terriblemente exigentes y quieren la vida fácil; si tienen poder, mañana serán los más crueles tiranos. Paulo Coelho decía: “Cuando Dios quiere enloquecer a alguien, lo complace en todo”. Esos niños mimados son los más difíciles de adaptarse al cambiante mundo; son los que buscan problema en todo. Se ha olvidado que el mundo se ha nivelado: el hijo de tu jornalero, puede ser el jefe de tu hijo. Es importante que le enseñes a tu hijo a carecer, es decir, a sentir la “falta de” y arreglártelas por ti mismo. Hay chicos que no juegan si no tienen zapatillas de marca. Si no aprendes a carecer, no aprenderás a ser luchador, serás un enclenque para resolver tus propios problemas; serás un hombre indeciso y débil. ¿Cómo les enseñamos a carecer? Dándoles un poquito menos de lo que necesitan. Así aprenden a apreciar lo que tienen. Aprenden a no ser ingratos. Al que todo se le complace no va entender nada de gratitud y menos a valorar las cosas. La vida se goza en la sencillez no en la ostentación. Los que han carecido gozan lo obtenido con esfuerzo y lo disfrutan como una conquista. Una poderosa escuela, es la mesa del comedor. ¿Qué debemos darles de comer? Lo que los padres deciden que deben comer. ¿Qué quieren los buenos padres para sus hijos? Pues, lo mejor; una comida saludable. Si les ofreces lentejas y tu hijo las rechaza: “Mami, papi, no me gustan las lentejas”. Pues dale lentejas, habrá berrinches, no se exalten, -autoridad no es gritar-, que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡Sorpresa! Las lentejas desaparecieron de la nevera. El hijo resultará un desadaptado social, si no ha aprendido a carecer: la vida es una lucha permanente. La comida es una buena escuela del carecer. Esos niños y jóvenes mimados son los más difíciles para tratar; resultan unos desadaptados sociales. A los niños y jóvenes hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo. En pocas palabras: tender la cama, limpiar los cuartos, recoger y lavar los platos, arreglar los baños, etc. Hay que educar en el aseo del hogar, mañana lo harán en el aula, en la oficina, en el taller. Si no hacen este tipo de servicios, luego tendrán problemas. Las escuelas más importantes de liderazgo en el mundo enseñan a los jóvenes a carecer. Así serán menos exigentes y más comprensivos. Formemos hijos luchadores, no debiluchos, sobreprotegidos: estos serán incapaces de afrontar los normales problemas de la vida. Que se superen a sí mismos; que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerda que nadie alcanza altura con un solo vuelo. Hay que ilusionar a los niños y jóvenes con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. No olvides que lo que tú siembras en tus hijos, eso cosecharás mañana.

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