jueves, 18 de julio de 2019
Opinión/ Creado el: 2019-02-11 08:12

Del Cauca y de Magdalena

Escrito por: Carolina Salazar Rincón
 | febrero 11 de 2019

Esta columna la escribí hace unos años, pero quiero retomarla con ocasión de lo sucedido al río Cauca por cuenta de las malas e improvisadas decisiones desde la misma concepción de la Represa de Hidroituango y las consecuencias por todos conocidas. Sólo espero que en el menor tiempo posible el gran río Cauca recupere la fuerza y riqueza que lo han caracterizado; por el bien del río, de los ecosistemas que arropa, del país y de las personas que dependen de él para su subsistencia, y que muy pronto Colombia logre avances energéticos eficientes y limpios que eviten la construcción de más represas hidroeléctricas tan destructoras de nuestro territorio:

En no pocas ocasiones me ha pasado que la gente se sorprende cuando se entera de que el río Magdalena no sólo nace en el Huila, sino que los neivanos tenemos el privilegio de verlo a su paso. Aunque generalmente suelo percibirlo como desconocimiento, comprendí que esto también ocurre porque la gente no ha entendido el valor incalculable del río. Neiva aun hoy le da su espalda.

El Magdalena y el Cauca son los ríos más importantes del país. Sus primeras gotas brotan en el sur, en el Macizo colombiano. Si, nacen muy cerca uno del otro (en el Huila y en el Cauca) y sin conocerse descienden las montañas y sus meandros se deslizan como serpientes por el territorio; sólo se encuentran en su adultez después de haber bañado bosques y valles, cultivos, pueblos y ciudades. Es que estaban destinados a reunirse para fundir su fuerza y su calma, su belleza y su vitalidad.

El río Magdalena encuentra muy pronto el ancho valle que lleva su nombre y sus aguas más sosegadas permiten su navegación hasta llegar al mar. El Cauca, un poco encañonado atraviesa el territorio con más fuerza; pero el valor de ambos es tan grande como su majestuosidad.

El payanés Francisco José de Caldas en uno de sus relatos sobre el río Magdalena dice: “Cuando el Cauca nace sobre las nieves del Coconuco a 2300 toesas sobre el Océano, éste tiene su cuna a 900 toesas solamente, bajo de un clima dulce y moderado; aquél se precipita de la cima de los Andes, y éste corre con tranquilidad; el primero sobre planos caprichosamente inclinados, unas veces se acelera y otras se arrastra con lentitud, y el segundo, más uniforme en su curso, se presta con facilidad a todas nuestras necesidades mercantiles.”

Gracias a ellos poblaciones, indígenas, animales, música y bailes han penetrado desde el norte al sur del país. Los naturalistas se maravillaron con la flora y la fauna que los circunda; algunos como Fray Diego García, el sabio Caldas y J. Tadeo Lozano -colaboradores de la Expedición Botánica- hicieron las primeras descripciones de aves entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX.

Afortunadamente, desde hace años, son los ornitólogos colombianos los encargados de realizar las investigaciones. A ellos les ha tocado ver el deterioro de los ríos debido a la contaminación, a la minería, a la deforestación de sus riberas, o a la construcción de represas hidroeléctricas. Todas estas acciones han afectado no sólo la calidad de sus aguas; también han impactado el ecosistema, la biodiversidad y a las personas que habitan a su alrededor.

Esta columna es en honor a estos ríos y a los ecosistemas que recorren y alimentan, a su gente, a los pescadores, …. y en honor a aquel valiente que se atrevió a cruzarlo alguna vez.

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