martes, 21 de mayo de 2019
Cultura/ Creado el: 2019-02-13 01:54 - Última actualización: 2019-02-13 11:41

Cultura huilense de luto

El mundo folclórico y cultural del departamento del Huila rinde homenaje póstumo a quien fuera su primera Reina Nacional del Bambuco y cónsul de Colombia en Honduras durante cuatro años Luz Cucalón García de Ferro.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 13 de 2019

Con profundo pesar el folclor huilense en el departamento se encuentra de luto. Su primera Reina Nacional del Bambuco coronada en el año 1961, Luz Cucalón García de Ferro falleció a la edad de 82 años.

A través de un comunicado por sus redes sociales, la Corporación para la Promoción de la Cultura y el Turismo Corposanpedro, lamentó  el deceso de una de las recordadas reinas del festival y el aporte que hiciera en su momento al engrandecimiento del festival; de igual forma otras autoridades del departamento expresaron sus sentidas condolencias a la familia de la que fuese Reina Nacional del primer certamen bambuquero del Huila en el año 1961.

Y es que precisamente para dicho año, en Neiva se da origen y surge el primer Reinado Departamental y Nacional del Bambuco. Luz Cucalón García es coronada como Reina Departamental y luego como Reina Nacional del primer certamen bambuquero del Huila.

Su presencia y acciones como soberana, le dieron brillo al concurso que apenas despuntaba y que a la fecha es orgullo de nuestra tierra por tratarse del más importante en su género a nivel nacional.

En su trayectoria profesional se cuenta el haber sido cónsul de Colombia en Honduras durante cuatro años y todo ello, gracias a las relaciones que le quedaron con los ex ministros Julio Londoño Paredes, quien fue el parejo oficial de Cucalón de Ferro en ese entonces en el Reinado Nacional del Bambuco; y Noemi Sanín, a quien le trabajó por varios años como asistente personal.

Casada con el caballero de la sociedad huilense, Aurelio Ferro Borrero, con quien tuvo tres hijos. Eduardo, Enrique y Marta Lucía Ferro Cucalón.

La noche del 28 de junio de 1961 el estadio “Roberto Urdaneta Arbeláez” de Neiva estuvo a reventar. En una velada especial Luz Cucalón García fue elegida primera Reina Nacional del Bambuco, en una decisión ovacionada por el público. Foto Archivo Jorge Álvarez Supelano.

Historia del festival

Hablar de las fiestas es remontarnos también a la historia del festival; e historiadores coinciden que la historia La fiesta del San Pedro en el Huila, hoy convertida en el Festival y Reinado del Bambuco, se remonta a 1790, cuando el gobernador de la provincia, Lucas de Herazo, ordenó la celebración de un jolgorio especial como acción de obediencia al Rey de España, Carlos IV.

Fue así como, durante diez días, el pueblo, que cubría buena parte del norte y centro de lo que hoy es el departamento del Huila, prendió la fiesta o La jura , como se le llamaba en esa época.

Entonces, los plateros, los horneros, los zapateros, los albañiles y los del campo se entregaron a las noches de danza, mojiganga (comedias y entremeses) y a la iluminación en las plazas, cada noche.

Según el cura Andrés Rosa, en su libro Esencia, estilo y presencia del Rajaleña, el 24 de junio se realizaba un baño general en el río Magdalena, muy de mañanita, con chingue colorado, totuma y jabón de Reuter.

Entre tanto los días 28 y 29, había grandes comilonas, y los rajaleñas suena que suena, y los copleros cante que cante mientras eran rodeados de lindas damas.

De ahí que hoy el Festival y Reinado Nacional del Bambuco no solo tenga mujeres bellas bailando el himno del Huila, sino además cabalgata, la vara de premios, pólvora, riñas de gallos, aguardiente de caña y música con la banda del pueblo, que toca más alegre cuando el toro le da sus tres vueltas al borracho.

Adicionalmente, las fiestas suenan con instrumentos de cuerda y un tambor, acompañadas de un buen sancocho de gallina o de pescado, plátano verde asado en brasas, y el plato de puerca asada en el horno de la casa. Sin olvidar el insulso, el maduro, la arepa delgadita, la agua de panela y, por supuesto, las achiras.

La primera reina

El reinado fue en 1961, en la terraza del Negro Barreto, que se le dio rienda suelta a la imaginación y nació el Reinado del Bambuco.

Un año después, llegaron las reinas de Surco (sur colombiano: Caquetá, Huila y Tolima) a pelearse la corona símbolo de unas fiestas que representan el folclor huilense.

Aquel año de 1961, Neiva se vio invadida por danzas, conjuntos típicos y carrozas montadas en zorras de tiro que llevaban a las candidatas.

En la noche final, el pueblo coronó como primera reina de las fiestas del Bambuco a la huilense Luz Cucalón García.

La beldad lució un traje típico creado gracias a la mezcla de ideas de las mellizas Ferro, Alicia y Elvira: flores rojas y blancas invadieron su cabellera recogida, collares vistosos cayeron coquetamente de su cuello trigueño y la blusa blanca, igual a las que tradicionalmente usan las campesinas boyacenses, o sea de gola sin mangas, adornaron su hermoso busto.

Su falda, semirotonda de satín azul, a media pierna con flores estampadas y circunscritas por encajes blancos, reposó sobre enaguas blancas; y sus pies, fueron protegidos por unas zapatillas doradas.

Su parejo, en cambio, llevaba una camisa blanca con pechera bordada, un pañuelo raboegallo amarrado a su espalda, un cinturón de tres hebillas, un pantalón blanco y unas alpargatas.

En memoria de Luz Cucalón García de Ferro, reproducimos un texto histórico publicado en nuestra edición del 28 de Junio de 2009 en la Página 6B y titulado Luz Cucalón García el cual corresponde al historiador y docente académico Orlando Mosquera B.

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Las candidatas eran pocas, se inscribieron representantes de Cundinamarca, Tolima, Boyacá y Caquetá. A nivel departamental hubo representación de Garzón con Fabiola Méndez; de Baraya con una niña Sefair y a la hora de la verdad Pitalito; caso que explicaré más adelante. Por Neiva participaron: Luz Cucalón García en representación del Club Rotario, Sonia Cerquera Charry por el Club del Comercio y Betty Rojas por una institución oficial.

Ante el reducido número de candidatas en sus respectivos niveles, la junta organizadora resolvió que todas concursaran por la corona nacional. Desfilaron intercaladas con comparsas y bandas de la mayoría de municipios, que no cesaban de interpretar pasillos y bambucos fiesteros. Dichas danzas se organizaron espontánea y alegremente, con gente de todas las clases sociales, que invertían de su propio peculio en trajes y bebidas.

Aún me parece ver pasar al industrial Alberto Suárez Zambrano con un sombrero alón, guiando su camioneta Willis de estaca, en la que habían armado una mediagua de palmicha con motivos autóctonos, incluido un horno de barro. Portaba en la parte alta un aviso que decía:

“Arriba los de corrosca, abajo los de corbata”.

De los vehículos decorados le ofrecían gratis a la gente, pruebas de asado, chicha, mistela, mejorana o anisado; gestos de identidad, etapa de abundancia, generosidad, solidaridad, tolerancia y amistad.

Todo el mundo ensombrerado presenciaba el desfile a lado y lado de la angosta carrera quinta o Calle Real; al tiempo que las mujeres aceptaban con dicha la nueva falda satinada de colores subidos campesinos, flores pintadas o aplicadas en redondel.

La velada de elección se llevó a cabo en el estadio de baloncesto ‘Roberto Urdaneta Arbeláez’, interviniendo como jurados: el ex ministro e historiador Juan Lozano y Lozano, uno de los fundadores de la Revista Semana y columnista del diario El Tiempo.

Lo acompañó Felio Andrade Manrique, ya por entonces ex gobernador; un militar de alto rango y el entonces embajador de México ante el Gobierno colombiano.

No fue fácil tomar la decisión, así no fuera tan rígido el cumplimiento de la coreografía.

En gesto admirable porque sólo interesaba gozar la fiesta y lograr que el Reinado despegara; las candidatas se reunían en casa de don Marlio Cucalón Monnet, citadas por José Antonio Cuéllar Meléndez ‘Rumichaca’, quien llevaba parejas de barrios populares, para que las niñas los vieran bailar con pasos autóctonos.

La delegación de Garzón fue numerosa, bulliciosa y especial; cariño al que correspondió bien Fabiola Méndez, quien hizo una espectacular presentación. A Sonia Cerquera la bailó el galeno Álvaro Leiva Liévano, quien llegara a ser en 1970, Representante a la Cámara por el Huila.

Hombre con fama de pintoso, galán y gran danzarín.

Se las sabía todas

‘Rumichaca’ que sabía lo decisorio que es tener un buen parejo, le pidió a Orlando Polanía, el mejor de los bailarines, que se encargara de Luz Cucalón; dama perteneciente a una familia que él estimaba profundamente. Su madre había trabajado durante años en casa de don Inocencio Cucalón Ángel -abuelo de la candidata-, donde él fue tratado especialmente por ser un niño. Se crió muy próximo a los Cucalón Monnet, quienes lo llamaban con cariño: ‘el niño José’.

Alguien descifró el propósito de ‘Rumichaca’ y maléficamente esperó en el estadio que Cecilio ingresara por cualquier circunstancia al baño, para asegurarle la puerta e impedir que bailara a Luz Cucalón. Nadie se explica cómo Cuéllar Meléndez se dio cuenta, y menos, cómo consiguió una escalera para sacarlo. Lo liberó y camufló en

un costado del área de presentación. Cuando anunciaron la candidata, Orlando apareció como por encanto, con mayor interés desde luego, para hacer triunfar a Luz Cucalón, quien bailó extraordinariamente.

El estadio estaba completamente lleno, población que avaló la decisión del jurado con un cerrado aplauso. La imposición de la corona estuvo a cargo del gobernador José Domingo Liévano Perdomo.

Desde entonces y por mucho tiempo, se tuvo la costumbre de llevar la soberana al tablado popular, recorría casetas y clubes, para saludar a todo el mundo, culminando en el Social, donde se realizaba el baile oficial de coronación.

A los pocos días le hicieron un gran recibimiento en Pitalito, ciudad que la contaba como su candidata oficial, dado que no sólo Rafael Azuero había pedido a don Marlio Cucalón que la dejara participar como candidata del Club Rotario de Neiva y la directiva del Club Social como su representante; sino, también, Héctor Polanía Sánchez alcalde de Pitalito a nombre de su tierra. A todos los representó.

Un año después entregaría Luz Cucalón García la corona, a Clara Inés Caicedo del departamento de Boyacá y ésta a Rocío Cock Jaramillo de Antioquia.