viernes, 23 de agosto de 2019
Economía/ Creado el: 2019-08-12 08:53 - Última actualización: 2019-08-12 08:53

Concentración del ingreso y salario medio/mínimo

Mientras que el salario medio en Estados Unidos se aceleró, en línea con la mayor productividad laboral, en Colombia este se ha visto acotado por cuenta de la baja productividad laboral y los elevados costos no salariales.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 12 de 2019

Sergio Clavijo
Especial para Diario del Huila

Movimientos anti-establecimiento

La rebelión política anti-establecimiento a nivel global ha tenido como “mantra” el tema de la inequidad y, dentro de ella, una obsesión con el diferencial de ingresos. Sin embargo, es común el error de hacer dichas comparaciones antes de la marcada intervención que lleva a cabo el Estado en pro de una mayor igualdad a través de: i) imponer tributación progresiva (los pobres no pagan y los ricos pagan tasas marginales crecientes); y ii) expandir costosos programas de subsidios públicos a favor de las familias más pobres (incluyendo sustento alimenticio, acceso a la educación, al transporte y a la salud de forma gratuita). Veamos con algún detalle el positivo efecto que causan esas intervenciones estatales cuando están bien focalizadas en obtener mayor tributación de los hogares más ricos (el 1 % más pudiente) y en redistribuir el gasto público hacia la población más vulnerable (el 10 % con menores ingresos).

Efectos de la intervención estatal focalizada

Con base en información homologada por la OCDE, se tiene que actualmente el coeficiente Gini de Estados Unidos es (efectivamente) muy desigual, al arrojar valores de 0.508 (antes de tener en cuenta el efecto de la tributación progresiva y de los subsidios a los estratos bajos). Pero, al tener en cuenta este doble efecto pro-equidad de la tributación y del gasto público, se encuentra que dicho Gini se reduce a 0.394 (una encomiable reducción de 0.11 puntos en el índice, equivalente a un correctivo del -22 % en dicha desigualdad).

Ese registro pro-equidad de Estados Unidos, sin embargo, aún deja mucho que desear si se le compara con lo que ocurre en Francia o Alemania (cuyos Ginis bajan de 0.504 a cerca de 0.294 tras la intervención estatal, registrando correctivos del -43 % en dicha desigualdad).

Por contraste, en el caso de Colombia se tiene actualmente un elevado Gini de 0.52 (no muy diferente del observado en el mundo desarrollado, salvo en Canadá o en los países nórdicos, donde se tienen valores cercanos a 0.44). Pero la gran diferencia estriba en que la labor del Estado colombiano en temas pro-equidad es realmente lamentable.

En efecto, solo recientemente se han adoptado (con la Ley 1607 de 2012 y la Ley 1943 de 2018) esquemas de progresividad tributaria significativos. El problema es que esta progresividad tributaria solo se aplica a una porción mínima de los estratos altos (principalmente asalariados de altos ingresos). Los trabajadores independientes de altos ingresos suelen esconderlos bajo un complejo tinglado de “empresas fachada”, tanto nacionales como internacionales. De esta manera, se tiene que el recaudo de Imporrenta-Riqueza de los hogares colombianos se mantiene en cifras inferiores al 2 % del PIB, frente a un referente del 9 % del PIB en países OCDE.

Dicho de otra manera, aunque las leyes tributarias pro-equidad (arriba mencionadas) están ahora bien estructuradas en Colombia, ellas “muerden” casi solo a los asalariados. Por ejemplo, se estima que tan solo unos 500.000 contribuyentes (el 2 % de la PEA) terminan pagando tributos adicionales a los valores retenidos en la fuente, y solo el 0.1 % de la PEA declara el impuesto patrimonial.

La segunda fase de la intervención estatal pro-equidad, a través del gasto público, es aún más lamentable en Colombia. Como ha sido copiosamente documentado, incluyendo el PND 2018-2022, la aplicación de regresivos subsidios pensionales prácticamente anula los subsidios dados a los estratos bajos a través de Familias en Acción (alimentación-salud) o Colombia Mayor (apoyos a ancianos pobres). La aritmética de los inequitativos subsidios lo dice casi todo: mientras que se destina cerca del 4 % del PIB por año a las regresivas pensiones que administra Colpensiones, los programas sociales pro-equidad (antes mencionados) no superan el 0.5 % del PIB por año. ¿Cómo esperar entonces que ello mueva hacia abajo el Gini desde el 0.52 de Colombia hacia cifras como el 0.394 observado en Estados Unidos o el 0.294 de Francia (ver gráfico 1)

La triste respuesta es que la intervención estatal de Colombia no mejora casi nada la igualdad, medida a través del Gini. Dicho índice permanece prácticamente en esos niveles de 0.52 como resultado de las políticas “Hood-Robin”, las cuales deben alterarse radicalmente a través de una Reforma Pensional Estructural-REP, ver gráfico 2.

La relación Salario Medio/Salario Mínimo

La otra arista del problema de la inequidad tiene que ver con los diferenciales salariales. Con frecuencia se esgrime que el 10 % más pudiente ahora tiene ingresos que superan en 13 veces los ingresos del 10 % más pobre. Así, esta proporción de inequidad prácticamente se ha duplicado durante los últimos 50 años, en el caso de Estados Unidos. Ello se refleja en un coeficiente Gini que (efectivamente) es muy desigual al arrojar valores de 0.508 en el propio Estados Unidos (según lo arriba señalado).

Sin embargo, vale la pena analizar en detalle la trayectoria de la relación Salario Medio/Salario Mínimo y contrastar lo ocurrido en Estados Unidos (donde el salario medio se ha venido incrementando respecto del mínimo) con lo ocurrido en Colombia (donde el salario medio ha ido convergiendo hacia el salario mínimo).

En el caso de Estados Unidos, las ganancias en productividad, resultantes de la mejor educación, han conllevado a marcados diferenciales salariales. Por ejemplo, el salario medio supera en 2.8 veces el salario mínimo actualmente. Este múltiplo de salario medio por encima del salario mínimo ha escalado de forma significativa respecto al 1.8 que se tenía a principios de los años ochenta (ver gráfico 3).

Pero, además del efecto de impulso al salario medio, por vía de la mayor productividad, ha ocurrido un peligroso estancamiento del salario mínimo en Estados Unidos, el cual lleva congelado cerca de una década en US$7.25/hora a nivel federal. Solo durante el período 2015-2019 se han visto cambios legislativos a nivel estatal que están llevando ese salario mínimo a cerca de US$10/hora, y en varios estados (como los de Washington y California) se perfila fácilmente hacia los US$12-13/hora (ver The Economist, “The federal mínimum wage is becoming irrelevant”, abril 27 de 2019). Afortunadamente, se percibe que ello no afectará la buena dinámica del mercado laboral, donde se han tenido tasas de desempleo tan bajas como un 3.6 % durante 2018-2019 (...récord histórico de “pleno empleo”).

Así, la desigualdad salarial de Estados Unidos ha sido producto de una dinámica competitiva que se explica fundamentalmente por diferencias educativas que, a su vez, se reflejan en productividades bastante disimiles. La buena noticia es que en el caso de Estados Unidos ello ocurre acompañado de “pleno empleo” y crecimiento dinámico del PIB-real a tasas cercanas a su potencial del 2.5 % anual (2013-2019). Más aún, la intervención estatal con tributación progresiva y gastos pro-pobre, como vimos, inclusive ubican el coeficiente Gini de ingresos en un aceptable 0.394.         
En todo caso, queda abierto el debate sobre si dicha intervención estatal en Estados Unidos debería ser más pronunciada, tal como ocurre en Europa, donde se tienen Ginis de ingresos de 0.294, como en Alemania o Francia, denotando mayor equidad. A nivel de riqueza, el debate es aún más complejo, pues tanto en Estados Unidos como en Europa Occidental se tienen Ginis de riqueza altos (bordeando el 0.60). Este es un gran debate ideológico entre el enfoque de “señales de mercado” en Estados Unidos vs. “ruido-incertidumbre” en Europa. En cualquier caso, creemos que las “soluciones Piketty” de gravámenes marginales a tasas del 75 % apuntan en la dirección errada.

Ahora bien, en Colombia se da la paradoja de tener una supuesta “mejor igualdad salarial”, ya que la relación Salario Medio/Salario Mínimo se ha reducido de 1.8 veces a cerca de 1.4 durante las dos últimas décadas (ver gráfico 4). Sin embargo, ello no se ha traducido en mejores resultados laborales ni en mayor equidad. De hecho, Colombia continúa registrando lamentables resultados en informalidad laboral (cercana al 55 %) y en elevado desempleo (promediando casi el 10 %) durante 2018-2019. Además, el Gini de ingresos de Colombia (0.52) es tan alto como el de Estados

Unidos, con el agravante de quedarse prácticamente inalterado tras aplicarse los impuestos directos (afectando solo al 2 % de la PEA) y realizar el gasto público (especialmente regresivo en su componente pensional), como ya lo explicamos.

La historia de la mala convergencia del salario medio hacia el salario mínimo en Colombia conlleva historias contrapuestas a lo ocurrido en Estados Unidos. Mientras que la divergencia salarial en Estados Unidos tuvo que ver con el disparo del salario medio y el estancamiento del salario mínimo, en Colombia ocurrió una “compresión” del salario medio por dos razones: i) estancamiento en la productividad laboral (creciendo un 1 % real anual durante las dos últimas décadas); y ii) persistencia de los sobrecostos no salariales, que tan solo se han logrado reducir del 63 % al 52 % (gracias a la Ley 1607 de 2012). Entre tanto, el salario mínimo se ha venido incrementando a ritmos del 1.5 % real por año durante las dos últimas décadas, con particular celeridad durante 2016-2018 (llegando al +2.7 % real) ver gráfico 5.
En síntesis, mientras que el salario medio en Estados Unidos se aceleró, en línea con la mayor productividad laboral, en Colombia este se ha visto acotado por cuenta de la baja productividad laboral y los elevados costos no salariales. Así, el incremento en la relación Salario Medio/Salario Mínimo del 1.8 al 2.8 en Estados Unidos es un efecto del numerador, mientras que en Colombia es un efecto del denominador, producto del incremento del salario mínimo por encima de las posibilidades que nos daba su productividad laboral. Mientras que Estados Unidos disfruta de pleno empleo y relativa equidad (tras la intervención estatal), en Colombia sufrimos de compresión del salario medio respecto al mínimo y, paradójicamente, alta inequidad ante el fracaso en la intervención estatal.

* Director de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF). Este análisis contó con la colaboración de Juan David Idrobo.