viernes, 22 de noviembre de 2019
Contexto/ Creado el: 2019-11-08 09:06 - Última actualización: 2019-11-08 09:07

“Podemos haber terminado con el pasado pero el pasado no ha terminado con nosotros”

Con esta reflexión que invita a trabajar en común para trasformar el dolor en sanación constructiva para la colectividad, el embajador de Alemania Peter Ptassek sintetiza el espíritu del encuentro Hablemos de verdad, que se realizó ayer en el Centro de Convenciones de la capital huilense y fue organizado por Colombia 2020 de El Espectador.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 08 de 2019

Con el objetivo de conocer la verdad de lo ocurrido en el marco del conflicto armado y contribuir al esclarecimiento de las violaciones e infracciones perpetradas, así como ofrecer una explicación amplia de su complejidad a toda la sociedad, se realizó ayer en Neiva el encuentro hablemos de Verdad, que busca un diálogo incluyente sobre el reto de buscar la verdad de la guerra en Huila. El evento contó con la participación de Ronald Rojas, integrante del partido Farc; Luceni Muñoz Bermeo, directora ejecutiva Comité de Ganaderos del Huila; Lucena Ibarra, víctima de la masacre de los concejales de Rivera; Rosana Rojas, víctima de desaparición por secuestro de guerrilla de las Farc; Aníbal Rodríguez Briñez, presidente Camacol Huila; Mayor Carlos Ospina, comisionado de la Verdad, y Aladino Ríos, sobreviviente de los mal llamados “falsos positivos”.

La guerra en Huila

El departamento del Huila es conocido en el país como la ‘Puerta de entrada al sur de Colombia’. Tiene vías de acceso a cuatro corredores claves del país: el páramo de Sumapaz, la Amazonía y el Pacífico. Durante el conflicto armado, esta zona sirvió para que los grupos armados pudieran apropiarse más rápido de territorios y movilizar sus tropas y economías ilegales. Tener el control del Huila era una ventaja estratégica, que fue disputada a sangre y fuego.

Todos los actores de la guerra han estado aquí. Con la celebración de la primera conferencia de las Farc en Marquetalia (Tolima) y la cuarta en El Pato (Caquetá), la guerrilla dio sus primeros centros de expansión al occidente y oriente del departamento del Huila. Con los años fueron fortaleciendo su presencia y llegaron a convivir tres grupos: la Cacica Gaitana, el Joselo Losada y la temida Teófilo Forero. El fenómeno de la extorsión fue una de las grandes estrategias para enriquecerse. De acuerdo con la Unidad de Víctimas, a noviembre de 2016, en el departamento de Huila se registraron 170.158 personas víctimas de la guerra. De ellas, 131.578 fueron afectadas por desplazamiento, 19.777 por homicidio, 11.948 por amenazas, 1.700 por desaparición forzada y 5.095 pérdida de bienes muebles o inmuebles.

Los huilenses tuvimos que vivir decenas de hechos violentos que no sólo marcaron nuestra historia, sino que también están en el recuerdo del resto del país. Uno de ellos fue el asalto a las torres Miraflores, en 2001, por parte de la columna móvil Teófilo Forero. En este hecho fueron secuestrados la excongresista Gloria Polanco y su hijo, actual representante a la cámara, Jaime Felipe Lozada. Luego, en 2002, arribaron los paramilitares y crearon los frentes adscritos al Bloque Central Bolívar y hubo un aumento considerable de los homicidios, las desapariciones forzadas, las masacres, los desplazamientos y las amenazas. Los municipios más afectados, según la Gobernación, fueron Gigante, Pitalito, Garzón, Neiva, Colombia, Baraya, Hobo, La Argentina, La Plata e Isnos.

Hablemos de verdad

En un primer momento denominado “Charlas inspiradoras”, que estuvo a cargo de la cantante Carolina Ramos Mosquera y la poeta Ana Patricia Collazos, las dos artistas conmovieron desde sus estéticas a los asistentes. Cada una enfatizó en la palabra como herramienta de verdad y construcción. Ana Patricia, quien además de leer de manera algunos de sus poemas, recordó la herencia de José Eustasio Rivera en la tradición literaria de Huila que se nutre de la capacidad de denuncia en La vorágine y por esto se constituye en un gran ejemplo de palabra y de verdad. Por su parte, la cantautora Carolina Ramos, acompañada del tiplista Juan Camilo Ciro, interpretó de manera espléndida varias canciones sociales que tocaron las fibras de los asistentes y hablan del arte como sanación.

En la segunda parte del evento destinada al panel de discusión de los participantes, Lucena Ibarra, hija de uno de los nueve concejales masacrados por las Farc en el municipio de Rivera el año 2006. Lucena, quien se dirigió especialmente a Ronald Rojas, excombatiente de las Farc, recordó a su padre Luis Ernesto y evocó su trabajo como líder comunal en su municipio antes de llegar al Concejo y se quejó porque el municipio parece querer olvidar este lamentable suceso, pues cada años los familiares sin el apoyo de la alcaldía organizan la conmemoración de la tragedia con una misa para pedir que estos hechos no se repitan más.

Por su parte, Rosana Rojas, víctima de desaparición por secuestro por parte de Farc, no sabe hace 20 años de su esposo y pidió le contaran qué había pasado con él, pues al no ser un personaje de renombre y apellidos políticos no tuvo la celeridad e importancia para los organismos oficiales. En ese sentido, Ronald Rojas, del partido de la rosa, subrayó que todas las víctimas del conflicto, independiente del estrato social y su abolengo, merecen los mismos tratos humanitarios en la búsqueda de soluciones para su reparación. “Las futuras generaciones de jóvenes de este país no puede estar condenada a la guerra, necesitamos superar el rencor para consolidar la paz, que a los jóvenes no los quiten el presupuesto de la educación porque las armas no solo hacen violencia, el hambre es una arma de destrucción masiva, no poder acceder a la educación superior también es violencia”.

¿Para qué sirve conocer la verdad?

“La importancia de narrar la verdad de la guerra en Huila estriba en que el dolor se trasforma en una fuerza que permite reparar el daño y seguir adelante construyendo”, expresó Peter Ptassek, embajador de Alemania, quien se manifestó complacido por el hecho de que sea posible una mesa donde se sientan a dialogar posturas tan contradictorias como las de un guerrillero y un paramilitar. Sin embargo, a pesar de su optimismo, aseguró superar los conflictos no es fácil, ya que la reconciliación se da entre enemigos, así que “Colombia debe tener paciencia consigo misma, pues nosotros podemos haber cavado con el pasado, pero el pasado no ha acabado con nosotros”.

A la sazón, una de las actividades que más llamó la atención en el evento, fue la participación del público, a quienes se les realizó algunas preguntas cruciales sobre la importancia de conocer la verdad de la guerra. Entre algunos de los interrogantes a los que el público dio respuesta con sencillez y contundencia fue el que indaga por el principal obstáculo para conquistar la paz. La respuesta más común fue el miedo que los victimarios tienen de reconocer sus errores y el miedo a tocar los intereses de los poderosos. Por su parte, el comisionado Carlos Ospina, celebró el diálogo y se manifestó teatralmente esperanzador: “Hoy empezamos entre opuestos este diálogo de la verdad, esperamos que sea fructífero, ojalá encontremos ese camino para la construcción de la paz, el dialogo es el camino correcto para resolver las diferencia, la paz no es esquiva, nosotros somos esquivos a la paz”.

Finalmente, Julio Jaime psicólogo de la Universidad Surcolombiana, sintetizó en las conclusiones del evento  que, “aquí no se cierra un dialogo sino que se abre donde el silencio ha sido la práctica común. Necesitamos el compromiso territorial de seguir encontrándonos en es estos espacios, por la necesidad de que nos escuchen y para hablar. No hemos tenido para la palabra y es el momento para la palabra, la punta del iceberg de lo que ha sucedido en el territorio. Es preciso construir desde las diferencias que aparecen irreconciliables. Construir un país donde nos podamos sentar todos en la mesa, hay que cambiar las narrativas del pasado que han fecundado odio, necesitamos construir nuevas narrativas donde reconozcamos la responsabilidad de todos , los que usaron armas y no, reinventar la esperanza, reinventar un nuevo camino, una nueva manera de vivir juntos”.